miércoles, 18 de noviembre de 2015
Cantata Caxamarca
Una Cantata a Cajamarca, escrita y compuesta por mí fue anunciada hace años en este blog. La Historia necesitaba un acto que cerrara las heridas, que nos hiciera entender quiénes somos y adónde vamos. Cajamarca y el Perú necesitaban entender que ambas sangres: la de los indios y la de los españoles, se mezclaron en ese momento terrible del 16 de noviembre de 1532, para comenzar una nueva raza y el concepto de un nuevo país. Ahora, la cantata es real, se dio gracias al aporte de muchas personas. Me siento honrado por ese privilegio. Más de trescientos artistas. Música sinfónica, una puesta en escena fastuosa. Qué gran regalo de la vida. Muchas gracias a todos.
lunes, 4 de febrero de 2013
Dimensiones
Nuestra vida tiene muchas dimensiones: individual, social,
de especie y cósmica, son algunas de ellas. Cada una de estas tiene su propia
dinámica, su propia lógica y sus propios paradigmas. Tal como sucede con las
leyes físicas, una dimensión del acontecer va incorporando a otra. El tiempo
lineal no es el mismo que el tiempo cósmico.
Desgraciadamente el mundo actual suele imponernos una
dimensión sobre las demás. Esto trae mucho sufrimiento porque nos hace percibir
solo una parte de nosotros mismos y de las cosas.
El problema es si la dimensión individual nos impide vernos
como seres sociales. O si la dimensión social impide respetar la dimensión
individual. El problema es que esa dualidad no resuelta nos imposibilita apreciarnos
como especie o como seres cósmicos.
Los regímenes políticos que priorizan a la sociedad sobre el
individuo limitan una de las dimensiones más importantes del hombre que es la
dimensión individual.
Los regímenes que solo conciben al hombre como individuos y
no consideran el todo social, crean individuos de un desproporcionado egoísmo,
que a la larga viven en una gran infelicidad y la generan sobre los demás.
Si defiendo mi individualidad, aunque esta haga daño a la sociedad, entonces no estoy siendo justo
conmigo ni con los demás.
Si defiendo la sociedad, aunque esta oprima al individuo,
hago daño al hombre y, a la larga, también a la sociedad.
Lo mismo sucede con la falta de una perspectiva de
compromiso con nuestro medio ambiente y con
la falta de entendimiento acerca de nuestra dimensión sagrada, fuera de
las nociones de tiempo y espacio.
Esta falta de equilibrio hará que no seamos capaces de
entender nuestra responsabilidad como especie y nuestra misión espiritual de
acceso a la armonía universal.
No podemos ser completos si no existe una armonía entre
todos los niveles de existencia. Porque para percibirnos, finalmente, como
seres cósmicos, insertos en una realidad que es múltiple y unívoca, es
necesario conjugar todas nuestras realidades, hacerlas una y construir un
verdadero yo, libre de ataduras y pleno de sentido.
Ubicación:
América del Sur
lunes, 20 de julio de 2009
¿Qué es un golpe de estado?
La OEA ha demostrado a lo largo de su existencia tener solo una importancia relativa, que se limita a declaraciones de apoyo y condena a sus países miembros en circunstancias de caos e incertidumbre. Tal como lo demuestran los hechos con Honduras, no puede esta organización influir de modo decisivo en ningún gobierno, por pequeño que sea.
Sin embargo, es necesario fijar las verdaderas definiciones que deberían tener estas condenas. Debería precisarse claramente a qué se refiere con Golpe de Estado.
Una de las definiciones que debían condenarse abiertamente, debe ser no solo el cambio de un gobierno determinado, usando la fuerza, sino también los intentos de perpetuación en el poder, usando los recursos del estado para ese fin.
Un gobierno que cambia la constitución para mantenerse en el poder está violentando la constitución y las reglas de juego en las que fue elegido. Se convierte, entonces, en una dictadura. No es jurídicamente aceptable esto en ningún país miembro de la OEA.
La OEA se ha limitado a verificar si, por ejemplo, se respeta el resultado electoral en las urnas, en las elecciones. Pero los fraudes se perpetran mucho antes que las elecciones mismas, en la manipulación de la opinión pública, la limitación del acceso a la información, el cierre de órganos de expresión, el uso de los medios y recursos del estado para fines electorales y el amedrentamiento de la oposición.
No toma esas características puntuales la OEA como las típicas de una dictadura. Es decir, no se atreve a calificar o a descalificar a los distintos tipos de gobierno. Por esa razón es casi un hazme reír de los dictadores. Parece que está más preocupada en una unión de todos los países americanos, aunque resulte estéril, que en una reunión solo de los países comprometidos con un sistema de gobierno democrático y respetuoso de los derechos humanos y ciudadanos.
Una propuesta realista es la unión de países comprometidos con algunos principios claves:
- La democracia representativa, con elecciones libres y transparentes
- La diferenciación e independencia de los poderes del estado: ejecutivo, legislativo, judicial y electoral
- La libertad de expresión
- La no reelección inmediata
- La igualdad de los ciudadanos ante la ley.
La no sujeción a estas características mínimas de convivencia y de respeto ciudadano constituye una violación a la carta que deben firmar los países verdaderamente democráticos.
Condenar un golpe de estado y no sujetarse a estas condiciones mínimas es pura hipocresía.
Sin embargo, es necesario fijar las verdaderas definiciones que deberían tener estas condenas. Debería precisarse claramente a qué se refiere con Golpe de Estado.
Una de las definiciones que debían condenarse abiertamente, debe ser no solo el cambio de un gobierno determinado, usando la fuerza, sino también los intentos de perpetuación en el poder, usando los recursos del estado para ese fin.
Un gobierno que cambia la constitución para mantenerse en el poder está violentando la constitución y las reglas de juego en las que fue elegido. Se convierte, entonces, en una dictadura. No es jurídicamente aceptable esto en ningún país miembro de la OEA.
La OEA se ha limitado a verificar si, por ejemplo, se respeta el resultado electoral en las urnas, en las elecciones. Pero los fraudes se perpetran mucho antes que las elecciones mismas, en la manipulación de la opinión pública, la limitación del acceso a la información, el cierre de órganos de expresión, el uso de los medios y recursos del estado para fines electorales y el amedrentamiento de la oposición.
No toma esas características puntuales la OEA como las típicas de una dictadura. Es decir, no se atreve a calificar o a descalificar a los distintos tipos de gobierno. Por esa razón es casi un hazme reír de los dictadores. Parece que está más preocupada en una unión de todos los países americanos, aunque resulte estéril, que en una reunión solo de los países comprometidos con un sistema de gobierno democrático y respetuoso de los derechos humanos y ciudadanos.
Una propuesta realista es la unión de países comprometidos con algunos principios claves:
- La democracia representativa, con elecciones libres y transparentes
- La diferenciación e independencia de los poderes del estado: ejecutivo, legislativo, judicial y electoral
- La libertad de expresión
- La no reelección inmediata
- La igualdad de los ciudadanos ante la ley.
La no sujeción a estas características mínimas de convivencia y de respeto ciudadano constituye una violación a la carta que deben firmar los países verdaderamente democráticos.
Condenar un golpe de estado y no sujetarse a estas condiciones mínimas es pura hipocresía.
¿Qué es un golpe de estado?
La OEA ha demostrado a lo largo de su existencia tener solo una importancia relativa, que se limita a declaraciones de apoyo y condena a sus países miembros en circunstancias de caos e incertidumbre. Tal como lo demuestran los hechos con Honduras, no puede esta organización influir de modo decisivo en ningún gobierno, por pequeño que sea.
Sin embargo, es necesario fijar las verdaderas definiciones que deberían tener estas condenas. Debería precisarse claramente a qué se refiere con Golpe de Estado.
Una de las definiciones que debían condenarse abiertamente, debe ser no solo el cambio de un gobierno determinado, usando la fuerza, sino también los intentos de perpetuación en el poder, usando los recursos del estado para ese fin.
Un gobierno que cambia la constitución para mantenerse en el poder está violentando la constitución y las reglas de juego en las que fue elegido. No es jurídicamente aceptable esto en ningún país miembro de la OEA.
La OEA se ha limitado a verificar si, por ejemplo, se respeta el resultado electoral en las urnas, en las elecciones. Pero los fraudes se perpetran mucho antes que las elecciones mismas, en la manipulación de la opinión pública, la limitación del acceso a la información, el cierre de órganos de expresión, el uso de los medios y recursos del estado para fines electorales y el amedrentamiento de la oposición.
No toma esas características puntuales la OEA como las típicas de una dictadura. Es decir, no se atreve a calificar o a descalificar a los distintos tipos de gobierno. Por esa razón es casi un hazme reír de los dictadores. Parece que está más preocupada en una unión de todos los países americanos, aunque resulte estéril, que en una reunión solo de los países comprometidos con un sistema de gobierno democrático y respetuoso de los derechos humanos y ciudadanos.
Una propuesta realista es la unión de países comprometidos con algunos principios claves:
- La democracia representativa, con elecciones libres y transparentes
- La diferenciación e independencia de los poderes del estado: ejecutivo, legislativo, judicial y electoral
- La libertad de expresión
- La no reelección inmediata
- La igualdad de los ciudadanos ante la ley.
La no sujeción a estas características mínimas de convivencia y de respeto ciudadano constituye una violación a la carta que deben firmar los países verdaderamente democráticos.
Condenar un golpe de estado y no sujetarse a estas condiciones mínimas es pura hipocresía.
Sin embargo, es necesario fijar las verdaderas definiciones que deberían tener estas condenas. Debería precisarse claramente a qué se refiere con Golpe de Estado.
Una de las definiciones que debían condenarse abiertamente, debe ser no solo el cambio de un gobierno determinado, usando la fuerza, sino también los intentos de perpetuación en el poder, usando los recursos del estado para ese fin.
Un gobierno que cambia la constitución para mantenerse en el poder está violentando la constitución y las reglas de juego en las que fue elegido. No es jurídicamente aceptable esto en ningún país miembro de la OEA.
La OEA se ha limitado a verificar si, por ejemplo, se respeta el resultado electoral en las urnas, en las elecciones. Pero los fraudes se perpetran mucho antes que las elecciones mismas, en la manipulación de la opinión pública, la limitación del acceso a la información, el cierre de órganos de expresión, el uso de los medios y recursos del estado para fines electorales y el amedrentamiento de la oposición.
No toma esas características puntuales la OEA como las típicas de una dictadura. Es decir, no se atreve a calificar o a descalificar a los distintos tipos de gobierno. Por esa razón es casi un hazme reír de los dictadores. Parece que está más preocupada en una unión de todos los países americanos, aunque resulte estéril, que en una reunión solo de los países comprometidos con un sistema de gobierno democrático y respetuoso de los derechos humanos y ciudadanos.
Una propuesta realista es la unión de países comprometidos con algunos principios claves:
- La democracia representativa, con elecciones libres y transparentes
- La diferenciación e independencia de los poderes del estado: ejecutivo, legislativo, judicial y electoral
- La libertad de expresión
- La no reelección inmediata
- La igualdad de los ciudadanos ante la ley.
La no sujeción a estas características mínimas de convivencia y de respeto ciudadano constituye una violación a la carta que deben firmar los países verdaderamente democráticos.
Condenar un golpe de estado y no sujetarse a estas condiciones mínimas es pura hipocresía.
Etiquetas:
democracia,
dictadura,
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OEA
viernes, 5 de junio de 2009
La selva: un enfrentamiento milenario
Desde la época de la Colonia, Lima y las ciudades de la costa, han vivido ajenas a lo que ocurre en el resto del Perú. Sin duda el poderoso avance de la economía de la Costa en general, en estos últimos lustros, proviene de una adaptación de su población a las necesidades del mercado moderno y globalizado. Supone la adaptación a la competencia, a patrones de consumo y a modelos de trabajo que implican una concepción integral de la vida. Esto ha traído, sin duda una lenta y beneficiosa incorporación a mejores condiciones de vida a muchas personas.
El previsible paro de la Amazonía es más que un típico enfrentamiento de clase, como dirían los marxistas. Es el enfrentamiento entre dos culturas con visiones opuestas y en gran medida incompatibles.
La visión de propiedad sobre la tierra de nuestra cultura occidental choca con aquella cosmovisión nativa en la que las fuerzas de la naturaleza forman parte integral del ser. Allí es impensable la privatización de la tierra, de los árboles o de las especies que habitan el mundo.
Han comenzado ya enfrentamientos, a consecuencia del paro nativo, con lamentables muertes de uno y otro lado. Por esta razón hace falta no solo diálogo, sino una apertura de ambas partes.
No puede pedirse confianza mutua, pues no hay puntos de contacto. Hay que construir esos lazos y hacer esto con sabiduría y mucha paciencia, porque de otro modo se degenerará en un enfrentamiento de imprevisibles consecuencias. Hoy no es posible que una de las visiones se imponga sobre la otra.
Es importante anotar que el cuidado del medio ambiente, una de las causas de este desencuentro, es un valor absoluto que debe ser considerado en primer lugar. La desaparición de especies, la contaminación de los ríos, el usufructo del conocimiento ancestral constituyen puntos determinantes en esta crisis. Es decir, el respeto a las necesidades no solo de la selva, sino del planeta entero. Por eso, deberá agregarse este punto como un aporte sustancial en el debate.
Sin duda, el uso de los recursos naturales es un elemento fundamental y es patrimonio de todos los peruanos. Esos recursos, están también en el subsuelo. En tal sentido, es evidente que debe buscarse una solución armónica y justa que satisfaga las necesidades del país y de las personas.
No es tiempo de soluciones simples. Hace falta una profunda visión integradora que implique un modelo de desarrollo y que encuentre puntos de convivencia coherentes.
Debe, entonces, convocarse con urgencia a los especialistas más connotados: antropólogos, ecologistas, etnólogos e ingenieros para desarrollar una propuesta coherente que respete las necesidades de los pueblos y las posibilidades de desarrollo.
Estamos hablando no solo de una crisis coyuntural, sino del devenir de los pueblos y del futuro de nuestro planeta.
El previsible paro de la Amazonía es más que un típico enfrentamiento de clase, como dirían los marxistas. Es el enfrentamiento entre dos culturas con visiones opuestas y en gran medida incompatibles.
La visión de propiedad sobre la tierra de nuestra cultura occidental choca con aquella cosmovisión nativa en la que las fuerzas de la naturaleza forman parte integral del ser. Allí es impensable la privatización de la tierra, de los árboles o de las especies que habitan el mundo.
Han comenzado ya enfrentamientos, a consecuencia del paro nativo, con lamentables muertes de uno y otro lado. Por esta razón hace falta no solo diálogo, sino una apertura de ambas partes.
No puede pedirse confianza mutua, pues no hay puntos de contacto. Hay que construir esos lazos y hacer esto con sabiduría y mucha paciencia, porque de otro modo se degenerará en un enfrentamiento de imprevisibles consecuencias. Hoy no es posible que una de las visiones se imponga sobre la otra.
Es importante anotar que el cuidado del medio ambiente, una de las causas de este desencuentro, es un valor absoluto que debe ser considerado en primer lugar. La desaparición de especies, la contaminación de los ríos, el usufructo del conocimiento ancestral constituyen puntos determinantes en esta crisis. Es decir, el respeto a las necesidades no solo de la selva, sino del planeta entero. Por eso, deberá agregarse este punto como un aporte sustancial en el debate.
Sin duda, el uso de los recursos naturales es un elemento fundamental y es patrimonio de todos los peruanos. Esos recursos, están también en el subsuelo. En tal sentido, es evidente que debe buscarse una solución armónica y justa que satisfaga las necesidades del país y de las personas.
No es tiempo de soluciones simples. Hace falta una profunda visión integradora que implique un modelo de desarrollo y que encuentre puntos de convivencia coherentes.
Debe, entonces, convocarse con urgencia a los especialistas más connotados: antropólogos, ecologistas, etnólogos e ingenieros para desarrollar una propuesta coherente que respete las necesidades de los pueblos y las posibilidades de desarrollo.
Estamos hablando no solo de una crisis coyuntural, sino del devenir de los pueblos y del futuro de nuestro planeta.
martes, 14 de abril de 2009
No te piques III
¿Qué pasará en los siguientes juicios que le esperan al tirano?
La política y el poder judicial, son, como el ser humano, impredecibles.
Imagino, sin embargo, a un reo silencioso, sin ánimo ya de defenderse, desgastado, mirando a sus jueces y casi implorando, no ya absolución, sino que lo dejen en paz.
Imagino a un hombre enfrentado a su conciencia; aquella tantas veces pospuesta conciencia que es implacable y que carcome el alma.
Veo también a unas tribunas algo compadecidas, pero también hastiadas de enfrentar en los jueces, a sus propias conciencias. Sin ganas de escuchar que no hay justificación para el robo, que no se debe chantajear, corromper, tergiversar ni manipular la verdad. Porque tocan esos deberes morales a todos los que roban en los mercados, a los que se quedan con todo lo que se encuentran en la calle, que corrompen policías, chantajean a sus mujeres y manipulan sus propias verdades para no darles cara.
Una vez que se acaben las gritas, cuando se aquieten un poco las aguas de la sentencia máxima por crímenes máximos, entonces, veremos a un pueblo algo triste, inconsolable, porque sus mecanismos de defensa no funcionan cuando se enfrenta a su propia justicia. Aquella justicia que habita en lo más profundo del alma.
Recordaremos que hubo un tiempo en que se terminó con los valores morales, que se llenó de basura la televisión y la prensa, a sabiendas, para corromper el pensamiento del hombre, que se privatizó y se dispendió el dinero público para un populismo que aun hoy tiene efecto en las intenciones de voto. Y se acabó con la dialéctica del pensamiento al acallar a todos los que discrepaban de un régimen de esa naturaleza.
Y entonces, los que creen que el Perú no puede funcionar sin una dictadura tendrán, aunque sea por un instante, que pensar que ese miedo a enfrentar las propias responsabilidades, es el que justifica la presencia de un padre autoritario que responda por nuestras debilidades.
El Perú tendrá que enfrentar la gran dicotomía entre el futuro y el pasado. Tendrá que dejar atrás la ignominiosa época en que fue gobernado por la corrupción. Pero también tendrá que verse en el espejo y enfrentar en su propio rostro el de alguien que representó todo lo que no queremos ver de nosotros mismos como sociedad.
No me hago ilusiones, sin embargo. Es fácil desviar la mirada, pensar en otras cosas. Es fácil echarles la culpa a los demás de nuestras propias faltas. Es fácil rehuir nuestras responsabilidades y buscar la mano protectora de los que intentan lo mismo, del grupo protector que impide que pensemos por nosotros mismos y que seamos, por fin quienes somos, solos ante nuestra soledad.
La política y el poder judicial, son, como el ser humano, impredecibles.
Imagino, sin embargo, a un reo silencioso, sin ánimo ya de defenderse, desgastado, mirando a sus jueces y casi implorando, no ya absolución, sino que lo dejen en paz.
Imagino a un hombre enfrentado a su conciencia; aquella tantas veces pospuesta conciencia que es implacable y que carcome el alma.
Veo también a unas tribunas algo compadecidas, pero también hastiadas de enfrentar en los jueces, a sus propias conciencias. Sin ganas de escuchar que no hay justificación para el robo, que no se debe chantajear, corromper, tergiversar ni manipular la verdad. Porque tocan esos deberes morales a todos los que roban en los mercados, a los que se quedan con todo lo que se encuentran en la calle, que corrompen policías, chantajean a sus mujeres y manipulan sus propias verdades para no darles cara.
Una vez que se acaben las gritas, cuando se aquieten un poco las aguas de la sentencia máxima por crímenes máximos, entonces, veremos a un pueblo algo triste, inconsolable, porque sus mecanismos de defensa no funcionan cuando se enfrenta a su propia justicia. Aquella justicia que habita en lo más profundo del alma.
Recordaremos que hubo un tiempo en que se terminó con los valores morales, que se llenó de basura la televisión y la prensa, a sabiendas, para corromper el pensamiento del hombre, que se privatizó y se dispendió el dinero público para un populismo que aun hoy tiene efecto en las intenciones de voto. Y se acabó con la dialéctica del pensamiento al acallar a todos los que discrepaban de un régimen de esa naturaleza.
Y entonces, los que creen que el Perú no puede funcionar sin una dictadura tendrán, aunque sea por un instante, que pensar que ese miedo a enfrentar las propias responsabilidades, es el que justifica la presencia de un padre autoritario que responda por nuestras debilidades.
El Perú tendrá que enfrentar la gran dicotomía entre el futuro y el pasado. Tendrá que dejar atrás la ignominiosa época en que fue gobernado por la corrupción. Pero también tendrá que verse en el espejo y enfrentar en su propio rostro el de alguien que representó todo lo que no queremos ver de nosotros mismos como sociedad.
No me hago ilusiones, sin embargo. Es fácil desviar la mirada, pensar en otras cosas. Es fácil echarles la culpa a los demás de nuestras propias faltas. Es fácil rehuir nuestras responsabilidades y buscar la mano protectora de los que intentan lo mismo, del grupo protector que impide que pensemos por nosotros mismos y que seamos, por fin quienes somos, solos ante nuestra soledad.
No te piques II
A ver, a ver. Al parecer, este señor es juzgado por varias cosas.
Lo condenaron por matar y secuestrar gente, usando el aparato del Estado. Dicen sus defensores que no hay pruebas. Los que sostienen eso, seamos sinceros, piensan in péctore, que se le debería perdonar, pues, aunque su culpabilidad es evidente, lo hizo para salvar al país. (¡Vaya salvación!).
Ahora se le hace un nuevo juicio por ladrón: Le dio quince millones de dólares a su asesor, como agradecimiento por sus invalorables servicios al país. Fue, obviamente, una entrega de dinero ilegal, tramposa. Algo a lo que, seguramente estaba acostumbrado.
Fue, también creen ellos, para salvar al país de un golpe de estado. Digamos que si fue así, ¿cómo explica que este asesor haya llegado a tener tanto poder? ¿Quién se lo otorgó? ¿Por qué lo hizo? ¿Qué quería callar con esa entrega inmensa de dinero?
Y ¿cómo explica que todos los servidores que tenía, simplemente obedecieron su orden de pagarle, sabiendo que era ilegal?
Ese es el resultado de un estado manejado desde arriba por un todopoderoso dictador, en manos de un asesor corrupto. Así funcionan las cosas en tales regímenes. No hay controles y en vez de servidores, existen lacayos.
Como en el caso de Chile, más terrible para la gente, que matar, podría ser robar desde el gobierno. Luego de esta sentencia vergonzosa. Ya no podrán hablar de patriotismo. ¿Lo veremos nuevamente gritar su inocencia?
No lo creo. Es un político muy hábil. Seguramente se quedará callado. Hará creer que es una persecución política, que se hace para matar a su movimiento y a la candidatura de su hija. Esta vez sus partidarios no llorarán, ni se rasgarán las vestiduras. Esta vez quedará solo desacreditar a todo el sistema judicial.
Todos los jueces y los fiscales, todos los abogados lo odian, será su argumento. De nada servirá defenderse ante una persecución de esa magnitud.
Entonces vendrá la siguiente sentencia y seguramente será condenado nuevamente. Falta que explique por qué, de qué manera y con qué dinero compró los votos de congresistas electos. Y luego, tendrá el caso del periodismo corrupto que solventó.
Esta vez ya no saldrán a las calles. Solo habrá algunas declaraciones de sus más allegados. Porque, la verdad, a algunos se sentirán muy mal de defender ciertas cosas, no porque tengan sangre en la cara o dignidad, sino porque será torpe y poco provechoso hacerlo.
Bueno, dirán los inefables: al fin de cuentas, todos roban. Lo importante es que hizo obra. Lo malo es que no pueden decirlo en público. Tendrán que defenderlo en voz baja.
No importa, no importa, pensarán. La voz baja, la indignidad, también puede ganar elecciones.
Lo condenaron por matar y secuestrar gente, usando el aparato del Estado. Dicen sus defensores que no hay pruebas. Los que sostienen eso, seamos sinceros, piensan in péctore, que se le debería perdonar, pues, aunque su culpabilidad es evidente, lo hizo para salvar al país. (¡Vaya salvación!).
Ahora se le hace un nuevo juicio por ladrón: Le dio quince millones de dólares a su asesor, como agradecimiento por sus invalorables servicios al país. Fue, obviamente, una entrega de dinero ilegal, tramposa. Algo a lo que, seguramente estaba acostumbrado.
Fue, también creen ellos, para salvar al país de un golpe de estado. Digamos que si fue así, ¿cómo explica que este asesor haya llegado a tener tanto poder? ¿Quién se lo otorgó? ¿Por qué lo hizo? ¿Qué quería callar con esa entrega inmensa de dinero?
Y ¿cómo explica que todos los servidores que tenía, simplemente obedecieron su orden de pagarle, sabiendo que era ilegal?
Ese es el resultado de un estado manejado desde arriba por un todopoderoso dictador, en manos de un asesor corrupto. Así funcionan las cosas en tales regímenes. No hay controles y en vez de servidores, existen lacayos.
Como en el caso de Chile, más terrible para la gente, que matar, podría ser robar desde el gobierno. Luego de esta sentencia vergonzosa. Ya no podrán hablar de patriotismo. ¿Lo veremos nuevamente gritar su inocencia?
No lo creo. Es un político muy hábil. Seguramente se quedará callado. Hará creer que es una persecución política, que se hace para matar a su movimiento y a la candidatura de su hija. Esta vez sus partidarios no llorarán, ni se rasgarán las vestiduras. Esta vez quedará solo desacreditar a todo el sistema judicial.
Todos los jueces y los fiscales, todos los abogados lo odian, será su argumento. De nada servirá defenderse ante una persecución de esa magnitud.
Entonces vendrá la siguiente sentencia y seguramente será condenado nuevamente. Falta que explique por qué, de qué manera y con qué dinero compró los votos de congresistas electos. Y luego, tendrá el caso del periodismo corrupto que solventó.
Esta vez ya no saldrán a las calles. Solo habrá algunas declaraciones de sus más allegados. Porque, la verdad, a algunos se sentirán muy mal de defender ciertas cosas, no porque tengan sangre en la cara o dignidad, sino porque será torpe y poco provechoso hacerlo.
Bueno, dirán los inefables: al fin de cuentas, todos roban. Lo importante es que hizo obra. Lo malo es que no pueden decirlo en público. Tendrán que defenderlo en voz baja.
No importa, no importa, pensarán. La voz baja, la indignidad, también puede ganar elecciones.
¡No te piques!!!
Así es la vida. No siempre se gana.
Aceptar las garantías de la democracia, es también aceptar las sentencias judiciales.
Sé que te cuesta, por tu formación totalitaria y tu poco respeto a los procedimientos constitucionales.
Pero no te piques, porque en este caso, el tribunal fue imparcial, la sentencia unánime y una verdadera pieza jurídica, impoluta y fundamentada.
A diferencia de los tribunales de la época de tu gobierno, hoy hay garantías y apego a la ley y al derecho. Es más, hoy se puede hablar, protestar y tener una cobertura de las acciones políticas, de los discursos de tus seguidores, de las opiniones y de las propuestas. Hoy existe pluralidad, discusión, poderes independientes. Eso no existió en tu gobierno. No era posible ver más que un solo nombre en las paredes, en la televisión o en la prensa.
Antes, tú decidías todo: desde las sentencias hasta los presupuestos, desde el uso del poder, hasta la vida de las personas. Ibas a los pueblos y decías: Acá se hace un puente, acá se cura a una persona, destino tanta plata para un colegio.
Hoy, claro, todo presupuesto debe aprobarse. No puedes salirte de eso, por más presidente que seas, porque hay límites. Todo debe estar ajustado a un plan sometido previamente, no a una decisión del momento. Es más aburrido, pero es más realista y eficiente. Es más ordenado y, sobre todo, da menos oportunidades para ser corrupto.
No te piques. Al contrario. Ten un poco de reflexión, ejerce algo de autocrítica. Acepta que hay otras personas, que piensan diferente a ti y que no por eso te odian. Son adversarios que quieren que un gobierno como el tuyo no vuelva a suceder.
Los fiscales no son tus enemigos. Hablan en nombre de la sociedad. Los que te atacan no lo hacen por cuestiones personales. Son gente que no quiere que vuelva a haber un régimen donde no se respetan las leyes, la separación de poderes, ni la libertad de expresión.
Nada tienen que ver los logros de tu gobierno. Nada tiene que ver si se acabó o no con el terrorismo. No es por eso que se te sentencia. Es por hechos reales, concretos. Hechos que, uno a uno, demuestran una conducta pertinaz de falta de respeto al prójimo y a los derechos fundamentales de las personas.
No niego que siempre estuve en contra de tu gobierno. Pero más estuve en contra de Sendero Luminoso. Aplaudí que sinceraras la economía, luego del desastre del gobierno anterior. Entendí que había que proteger a los jueces. Sobre todo, que a los terroristas se les juzgara y se quedaran en la cárcel. Fueron grandes logros.
Sin embargo, sabemos que el golpe de estado es siempre una mala decisión. Te quita la distancia necesaria para juzgar, te quita autoridad moral, una vez que pierdes el poder. Porque todo ese poder inmenso en tus manos, se pone luego contra ti. Se acumulan los derechos pisoteados, los abusos, incluso las iras contenidas y hasta la impotencia de todos los que son injustamente acallados.
Ahora, no te piques. Felizmente, en democracia, la pena no es proporcional al delito. Felizmente en el Perú no existe Ley del Talión. Hay una democracia que lo que busca no es la venganza, sino la rehabilitación del reo, al menos en teoría.
Sácale provecho y trata de ver el mundo desde el otro punto de vista. Aquel que hiciste creer que no valía nada. Sométete a tu propio destino, a ese destino que tú mismo construiste, paso a paso, día a día con cada acto.
Bueno, no te queda otra. Porque picarse solo impedirá que aprendas las lecciones de la historia.
Aceptar las garantías de la democracia, es también aceptar las sentencias judiciales.
Sé que te cuesta, por tu formación totalitaria y tu poco respeto a los procedimientos constitucionales.
Pero no te piques, porque en este caso, el tribunal fue imparcial, la sentencia unánime y una verdadera pieza jurídica, impoluta y fundamentada.
A diferencia de los tribunales de la época de tu gobierno, hoy hay garantías y apego a la ley y al derecho. Es más, hoy se puede hablar, protestar y tener una cobertura de las acciones políticas, de los discursos de tus seguidores, de las opiniones y de las propuestas. Hoy existe pluralidad, discusión, poderes independientes. Eso no existió en tu gobierno. No era posible ver más que un solo nombre en las paredes, en la televisión o en la prensa.
Antes, tú decidías todo: desde las sentencias hasta los presupuestos, desde el uso del poder, hasta la vida de las personas. Ibas a los pueblos y decías: Acá se hace un puente, acá se cura a una persona, destino tanta plata para un colegio.
Hoy, claro, todo presupuesto debe aprobarse. No puedes salirte de eso, por más presidente que seas, porque hay límites. Todo debe estar ajustado a un plan sometido previamente, no a una decisión del momento. Es más aburrido, pero es más realista y eficiente. Es más ordenado y, sobre todo, da menos oportunidades para ser corrupto.
No te piques. Al contrario. Ten un poco de reflexión, ejerce algo de autocrítica. Acepta que hay otras personas, que piensan diferente a ti y que no por eso te odian. Son adversarios que quieren que un gobierno como el tuyo no vuelva a suceder.
Los fiscales no son tus enemigos. Hablan en nombre de la sociedad. Los que te atacan no lo hacen por cuestiones personales. Son gente que no quiere que vuelva a haber un régimen donde no se respetan las leyes, la separación de poderes, ni la libertad de expresión.
Nada tienen que ver los logros de tu gobierno. Nada tiene que ver si se acabó o no con el terrorismo. No es por eso que se te sentencia. Es por hechos reales, concretos. Hechos que, uno a uno, demuestran una conducta pertinaz de falta de respeto al prójimo y a los derechos fundamentales de las personas.
No niego que siempre estuve en contra de tu gobierno. Pero más estuve en contra de Sendero Luminoso. Aplaudí que sinceraras la economía, luego del desastre del gobierno anterior. Entendí que había que proteger a los jueces. Sobre todo, que a los terroristas se les juzgara y se quedaran en la cárcel. Fueron grandes logros.
Sin embargo, sabemos que el golpe de estado es siempre una mala decisión. Te quita la distancia necesaria para juzgar, te quita autoridad moral, una vez que pierdes el poder. Porque todo ese poder inmenso en tus manos, se pone luego contra ti. Se acumulan los derechos pisoteados, los abusos, incluso las iras contenidas y hasta la impotencia de todos los que son injustamente acallados.
Ahora, no te piques. Felizmente, en democracia, la pena no es proporcional al delito. Felizmente en el Perú no existe Ley del Talión. Hay una democracia que lo que busca no es la venganza, sino la rehabilitación del reo, al menos en teoría.
Sácale provecho y trata de ver el mundo desde el otro punto de vista. Aquel que hiciste creer que no valía nada. Sométete a tu propio destino, a ese destino que tú mismo construiste, paso a paso, día a día con cada acto.
Bueno, no te queda otra. Porque picarse solo impedirá que aprendas las lecciones de la historia.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Lino Bolaños
Lino Bolaños, músico, poeta, escritor, ha actuado en La Estación, La Taberna 1 900, el centro Cultural Español, el Atrio de la Iglesia San Francisco, Teatro Chabuca Granda, El Ekeko, entre muchos otros lugares. Ha participado como invitado en programas de televisión, en todos los canales de señal abierta y en la radio.
Sin embargo sus actuaciones se realizan ocasionalmente, pues prefiere la intimidad de la composición al estruendo de las presentaciones públicas.
Teléfonos: 4457901 - 97024029
Sin embargo sus actuaciones se realizan ocasionalmente, pues prefiere la intimidad de la composición al estruendo de las presentaciones públicas.
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jueves, 18 de octubre de 2007
El Ojo que no mira
Quienes me conocen, saben que no soy socialista. Estoy en contra de los abusos del capitalismo, también. En contra de los sueldos abusivos y en contra de las estatizaciones de las empresas. ¿Es eso factible? Absolutamente. El estado, a mi entender, debe hacer las cosas justas. Como todo en el ser, es el equilibrio entre lo contradictorio, en este caso, entre lo social y lo individual, aquello que mantiene ese punto exacto en el que debemos caminar.
Además, habemos millones de personas que pensamos así. Espero, eso sí, no estar en ningún rebaño. Intento, por eso, mantener mis ideas, a menudo contra la corriente.
Creo en los derechos de las mayorías, pero tanto como eso, creo en los derechos de las minorías. Por eso, soy demócrata. Por eso estoy en contra de todas las dictaduras y totalitarismos. Hablando del Perú, nadie puede acusarme de ser de izquierda y menos caviar.
Digo todo esto, por la indignación de ver cómo una obra de arte, cuyo fin es mantener la memoria colectiva e invitar a la reflexión, en contra de la violencia, es destruida. Esa actitud indica que muchos no han entendido nada. No pueden ni quieren profundizar acerca de lo que pasó en nuestro país.
Y no entender puede ser la causa más profunda para que se repita aquella guerra sin sentido que nos consumió por tanto tiempo, con Sendero Luminoso.
Ver solo la parte superficial del asunto es fácil. Es fácil ver los resultados y condenar, exigir represión y más violencia sobre la violencia. Es fácil proponer, nuevamente, la teoría de tierra arrasada si esto vuelve a suceder, cosa absolutamente posible.
Hay que pensar un poquito más. No será demasiado esfuerzo. El terrorismo surgió por muchas razones: condiciones de miseria, exclusión, racismo, ignorancia, manipulación, insania, odios concentrados, acumulados por siglos, dejadez del estado, abandono, falta de oportunidades, impotencia. Nada de eso ha cambiado.
Los terroristas son criminales abominables. Muchos de ellos, sin embargo, también son víctimas de un estado y de una actitud indolente e indiferente, de la que todos somos responsables.
Destruir un monumento en el que se recuerda a las víctimas es de una torpeza. Demuestra claramente que los miembros de esa pandilla, ven solo el lado atroz del terrorismo, pero no reflexionan acerca de sus causas. Pretenden implantar los métodos errados que, justamente agravaron el problema.
Es necesario que se vea, que se discuta, que se piense, alguna vez como seres humanos. Soy de los que creemos, no en el socialismo, pero sí en la igualdad.
Es necesario comenzar por lo obvio. Decirles a estos exaltados que los hombres del campo no son más ni menos que nosotros, los habitantes de la ciudad. Hacerles ver la enorme herencia cultural que resguardan y la enorme deuda que tenemos con ellos. Mostrarles que las provincias existen. Crear mecanismos para que todos los ciudadanos accedan a la educación, pero respetando sus particularidades, su lengua y su cultura.
Todo matón es un cobarde, dice un amigo mío. En este caso, la cobardía representa el miedo a enfrentarse a la verdad.
Además, habemos millones de personas que pensamos así. Espero, eso sí, no estar en ningún rebaño. Intento, por eso, mantener mis ideas, a menudo contra la corriente.
Creo en los derechos de las mayorías, pero tanto como eso, creo en los derechos de las minorías. Por eso, soy demócrata. Por eso estoy en contra de todas las dictaduras y totalitarismos. Hablando del Perú, nadie puede acusarme de ser de izquierda y menos caviar.
Digo todo esto, por la indignación de ver cómo una obra de arte, cuyo fin es mantener la memoria colectiva e invitar a la reflexión, en contra de la violencia, es destruida. Esa actitud indica que muchos no han entendido nada. No pueden ni quieren profundizar acerca de lo que pasó en nuestro país.
Y no entender puede ser la causa más profunda para que se repita aquella guerra sin sentido que nos consumió por tanto tiempo, con Sendero Luminoso.
Ver solo la parte superficial del asunto es fácil. Es fácil ver los resultados y condenar, exigir represión y más violencia sobre la violencia. Es fácil proponer, nuevamente, la teoría de tierra arrasada si esto vuelve a suceder, cosa absolutamente posible.
Hay que pensar un poquito más. No será demasiado esfuerzo. El terrorismo surgió por muchas razones: condiciones de miseria, exclusión, racismo, ignorancia, manipulación, insania, odios concentrados, acumulados por siglos, dejadez del estado, abandono, falta de oportunidades, impotencia. Nada de eso ha cambiado.
Los terroristas son criminales abominables. Muchos de ellos, sin embargo, también son víctimas de un estado y de una actitud indolente e indiferente, de la que todos somos responsables.
Destruir un monumento en el que se recuerda a las víctimas es de una torpeza. Demuestra claramente que los miembros de esa pandilla, ven solo el lado atroz del terrorismo, pero no reflexionan acerca de sus causas. Pretenden implantar los métodos errados que, justamente agravaron el problema.
Es necesario que se vea, que se discuta, que se piense, alguna vez como seres humanos. Soy de los que creemos, no en el socialismo, pero sí en la igualdad.
Es necesario comenzar por lo obvio. Decirles a estos exaltados que los hombres del campo no son más ni menos que nosotros, los habitantes de la ciudad. Hacerles ver la enorme herencia cultural que resguardan y la enorme deuda que tenemos con ellos. Mostrarles que las provincias existen. Crear mecanismos para que todos los ciudadanos accedan a la educación, pero respetando sus particularidades, su lengua y su cultura.
Todo matón es un cobarde, dice un amigo mío. En este caso, la cobardía representa el miedo a enfrentarse a la verdad.
viernes, 12 de octubre de 2007
Democracia y representación
Muchos son los escándalos que han quitado credibilidad al Congreso y al estamento político del Perú. El gran problema del Congreso, no es de presupuesto ni de la calidad de los asesores. No solo es cosa de establecer normas de transparencia, de controlar los gastos, de normar y de tener inspectores eficientes.
El problema es mucho más de fondo. Proviene de la falta de ética y de principios de los legisladores y, esto es lo más triste, de los que los eligen.
Proviene de la concepción de la mayoría de los peruanos de que la política, la acción pública, los cargos y la acción humana sirven únicamente para satisfacer intereses personales. Es la falta de sentido de pertenencia a la comunidad una de nuestras mayores tragedias.
El sentido de pertenencia hace posible el desarrollo de la especie humana. La satisfacción de los deseos personales que no se sujeta a este sentirnos parte de una comunidad, de un territorio y de un todo, trae la degradación de las acciones y de las personas que las ejecutan. (Si, por ejemplo, no entendemos qué es pertenecer a una familia, será difícil entender qué sentido tiene amar al barrio, a la patria y a la humanidad).
La calidad de muchos congresistas es lamentable. No estoy hablando de su formación cultural, de su uso del castellano, de su formación profesional. Estoy hablando de algo que no debería siquiera ser mencionado. La calidad moral de un padre de la patria, de un guía, debería darse por descontada. Desgraciadamente, suele ser al revés.
Muchas cosas deben hacerse a este respecto. Una de ellas es la inmediata revisión de los conceptos de democracia. Es necesario crear normas que permitan que sean verdaderos hombres decentes quienes puedan obtener cargos de responsabilidad ciudadana. Esta es una necesidad urgente y un clamor ciudadano.
Paradójicamente, solo profundizando la democracia es esto posible. Democracia no para las tribunas ni para satisfacer la grita. Democracia que establezca criterios verdaderos, que convoque a las personas por sus capacidades y no por su inversión de dinero en la campaña.
La democracia no es el ciego respeto por las estadísticas ni por la opinión de coyuntura. Si fuera así, nadie pagaría impuestos y tendríamos pena de muerte o linchamientos. Las guerras ya habrían acabado con la vida humana. No existirían criterios técnicos para decidir nada. Y seguramente, bastaría para los políticos con repartir pan y organizar circos como en la época del Imperio Romano. Recordemos que el promedio de edad mental de nuestro país es de doce años.
La democracia representativa entrega el poder a ciudadanos en quienes se confía por tener un conocimiento superior, una formación política y una trayectoria de experiencia, que pueda decidir los temas sustanciales en nombre de la mayoría. Esta debe, a su vez tener representación de las minorías, para equilibrar las cosas e impedir el absolutismo en las decisiones.
De esta manera, la población, que suele no estar informada al detalle de las cosas, es representada. Por eso, la calidad moral de los representantes no debería siquiera discutirse. Es una condición sine qua non.
Es necesaria, entonces una verdadera reforma constitucional que varíe el sistema de elección de los políticos.
El problema es mucho más de fondo. Proviene de la falta de ética y de principios de los legisladores y, esto es lo más triste, de los que los eligen.
Proviene de la concepción de la mayoría de los peruanos de que la política, la acción pública, los cargos y la acción humana sirven únicamente para satisfacer intereses personales. Es la falta de sentido de pertenencia a la comunidad una de nuestras mayores tragedias.
El sentido de pertenencia hace posible el desarrollo de la especie humana. La satisfacción de los deseos personales que no se sujeta a este sentirnos parte de una comunidad, de un territorio y de un todo, trae la degradación de las acciones y de las personas que las ejecutan. (Si, por ejemplo, no entendemos qué es pertenecer a una familia, será difícil entender qué sentido tiene amar al barrio, a la patria y a la humanidad).
La calidad de muchos congresistas es lamentable. No estoy hablando de su formación cultural, de su uso del castellano, de su formación profesional. Estoy hablando de algo que no debería siquiera ser mencionado. La calidad moral de un padre de la patria, de un guía, debería darse por descontada. Desgraciadamente, suele ser al revés.
Muchas cosas deben hacerse a este respecto. Una de ellas es la inmediata revisión de los conceptos de democracia. Es necesario crear normas que permitan que sean verdaderos hombres decentes quienes puedan obtener cargos de responsabilidad ciudadana. Esta es una necesidad urgente y un clamor ciudadano.
Paradójicamente, solo profundizando la democracia es esto posible. Democracia no para las tribunas ni para satisfacer la grita. Democracia que establezca criterios verdaderos, que convoque a las personas por sus capacidades y no por su inversión de dinero en la campaña.
La democracia no es el ciego respeto por las estadísticas ni por la opinión de coyuntura. Si fuera así, nadie pagaría impuestos y tendríamos pena de muerte o linchamientos. Las guerras ya habrían acabado con la vida humana. No existirían criterios técnicos para decidir nada. Y seguramente, bastaría para los políticos con repartir pan y organizar circos como en la época del Imperio Romano. Recordemos que el promedio de edad mental de nuestro país es de doce años.
La democracia representativa entrega el poder a ciudadanos en quienes se confía por tener un conocimiento superior, una formación política y una trayectoria de experiencia, que pueda decidir los temas sustanciales en nombre de la mayoría. Esta debe, a su vez tener representación de las minorías, para equilibrar las cosas e impedir el absolutismo en las decisiones.
De esta manera, la población, que suele no estar informada al detalle de las cosas, es representada. Por eso, la calidad moral de los representantes no debería siquiera discutirse. Es una condición sine qua non.
Es necesaria, entonces una verdadera reforma constitucional que varíe el sistema de elección de los políticos.
Contra la pena de muerte
A mucha gente le encanta la idea. Son tan firmes y seguros para condenar a los demás; se sienten tan limpios de corazón y de alma que creen tener el derecho de decidir quién vive y quién no.
El mundo, claro, está así, por culpa de los malos, de los otros, de los criminales, de los malditos. “Nosotros”, los “buenos”, debemos protegernos de ellos. Entonces, van a misa, comulgan y sus almas pías se irán al cielo. Los otros tienen destinado el infierno.
Sería terrible sentirnos superior a ellos. No nos sintamos más que los fariseos, pero tampoco más que los asesinos.
Una sociedad que asesina no es mejor que el asesino a quien mata.
Que hay que proteger a la sociedad, claro que sí. De eso se trata el asunto: de hacer que se cometan menos crímenes.
Esa es la verdadera discusión. ¿Cómo proteger a los niños de violaciones?: llevando a cabo políticas sociales, de prevención, permanentes. Informando, creando mecanismos de seguridad a partir del uso eficiente de la tecnología, preocupándonos en serio del asunto, estableciendo políticas cuidadosas de selección en los colegios. Promoviendo encuentros, discusiones, acciones y coordinando entre los diversos sectores sociales. Y claro, llevando procedimientos judiciales adecuados.
¿Muerte para los violadores de niños? ¿Y luego? ¿Muerte para los asesinos? ¿Y luego? ¿Muerte para los ladrones, para los estafadores, los políticos tramposos? ¿Y luego? ¿Muerte para los verdugos? ¡Que impere la muerte sobre el mundo!
Crear una sociedad justa, construida sobre la justicia y no sobre la pasión, sobre la rehabilitación, no sobre el linchamiento, ese es el verdadero sentido que el mundo merece.
Si un asesino mata a alguien, amparado por la oscuridad, por la clandestinidad, por el poco respeto a la ley, es horrible; cuánto más horrible será que la sociedad amparada por las leyes quite la vida a un ser humano. ¿Qué es lo que defiende, entonces, la sociedad?
Los puros de corazón, los libres de pecado, los fariseos, tendrán que cuidarse de todos nosotros: los pecadores. Ha comenzado, entonces la matanza.
El mundo, claro, está así, por culpa de los malos, de los otros, de los criminales, de los malditos. “Nosotros”, los “buenos”, debemos protegernos de ellos. Entonces, van a misa, comulgan y sus almas pías se irán al cielo. Los otros tienen destinado el infierno.
Sería terrible sentirnos superior a ellos. No nos sintamos más que los fariseos, pero tampoco más que los asesinos.
Una sociedad que asesina no es mejor que el asesino a quien mata.
Que hay que proteger a la sociedad, claro que sí. De eso se trata el asunto: de hacer que se cometan menos crímenes.
Esa es la verdadera discusión. ¿Cómo proteger a los niños de violaciones?: llevando a cabo políticas sociales, de prevención, permanentes. Informando, creando mecanismos de seguridad a partir del uso eficiente de la tecnología, preocupándonos en serio del asunto, estableciendo políticas cuidadosas de selección en los colegios. Promoviendo encuentros, discusiones, acciones y coordinando entre los diversos sectores sociales. Y claro, llevando procedimientos judiciales adecuados.
¿Muerte para los violadores de niños? ¿Y luego? ¿Muerte para los asesinos? ¿Y luego? ¿Muerte para los ladrones, para los estafadores, los políticos tramposos? ¿Y luego? ¿Muerte para los verdugos? ¡Que impere la muerte sobre el mundo!
Crear una sociedad justa, construida sobre la justicia y no sobre la pasión, sobre la rehabilitación, no sobre el linchamiento, ese es el verdadero sentido que el mundo merece.
Si un asesino mata a alguien, amparado por la oscuridad, por la clandestinidad, por el poco respeto a la ley, es horrible; cuánto más horrible será que la sociedad amparada por las leyes quite la vida a un ser humano. ¿Qué es lo que defiende, entonces, la sociedad?
Los puros de corazón, los libres de pecado, los fariseos, tendrán que cuidarse de todos nosotros: los pecadores. Ha comenzado, entonces la matanza.
jueves, 11 de octubre de 2007
La izquierda y la derecha del Siglo XXI
Debemos meditar si la definición de la izquierda, o de derecha, que proviene de la Revolución Francesa, y que sigue siendo un punto de referencia para muchos, puede aplicarse a la realidad de este siglo y al devenir de los procesos sociales.
La izquierda busca el cambio. Pero sucede que el cambio es casi una vorágine en estos tiempos. Es tan rápido, que somos testigos de revoluciones sin que nos percatemos de ellas. La derecha tiene pavor del cambio, por definición, posición absurda a estas alturas.
Luego de la revolución sexual, a partir del efectivo control de la natalidad, lo que conllevó el acceso al poder de las mujeres; luego de la conquista de nuevos ámbitos de la tierra y del espacio, de las que hemos sido testigos: luego de transformaciones dramáticas en la propiedad de los medios de producción, a partir de una tecnología que pone la información, la tecnología y ciertas áreas de la riqueza en manos de mayores sectores de ciudadanos, ¿a qué podemos llamar izquierda?
El concepto de la propiedad del estado de los medios de producción resulta ya un contrasentido, pues el estado representa siempre los intereses de los que tienen el poder y estos siempre son personas, antes que representantes de una clase social.
Defender los intereses de la mayoría de los ciudadanos no es necesariamente una opción “de izquierda” si esta defensa implica la concentración del poder y de los bienes en unas cuantas manos.
Hoy se nos presentan nuevos retos que solucionar: la defensa del patrimonio común de la humanidad: el aire, la tierra, las especies, el medio ambiente, la defensa de la vida, la lucha contra el racismo y la honradez de los gobernantes y de la sociedad.
Hoy, luchar contra el consumo desmedido no es una opción necesariamente de izquierda. Es una opción humana y necesaria de sentido común. Hoy, defender los derechos de los trabajadores, no se trata de una cuestión ideológica, sino de sentido común.
La definición de izquierda o derecha es caduca. Sin embargo, desde ambas trincheras, siguen unos desconfiando de los otros, incorporando sus miedos y sus posiciones cerradas al devenir de la sociedad.
La izquierda busca el cambio. Pero sucede que el cambio es casi una vorágine en estos tiempos. Es tan rápido, que somos testigos de revoluciones sin que nos percatemos de ellas. La derecha tiene pavor del cambio, por definición, posición absurda a estas alturas.
Luego de la revolución sexual, a partir del efectivo control de la natalidad, lo que conllevó el acceso al poder de las mujeres; luego de la conquista de nuevos ámbitos de la tierra y del espacio, de las que hemos sido testigos: luego de transformaciones dramáticas en la propiedad de los medios de producción, a partir de una tecnología que pone la información, la tecnología y ciertas áreas de la riqueza en manos de mayores sectores de ciudadanos, ¿a qué podemos llamar izquierda?
El concepto de la propiedad del estado de los medios de producción resulta ya un contrasentido, pues el estado representa siempre los intereses de los que tienen el poder y estos siempre son personas, antes que representantes de una clase social.
Defender los intereses de la mayoría de los ciudadanos no es necesariamente una opción “de izquierda” si esta defensa implica la concentración del poder y de los bienes en unas cuantas manos.
Hoy se nos presentan nuevos retos que solucionar: la defensa del patrimonio común de la humanidad: el aire, la tierra, las especies, el medio ambiente, la defensa de la vida, la lucha contra el racismo y la honradez de los gobernantes y de la sociedad.
Hoy, luchar contra el consumo desmedido no es una opción necesariamente de izquierda. Es una opción humana y necesaria de sentido común. Hoy, defender los derechos de los trabajadores, no se trata de una cuestión ideológica, sino de sentido común.
La definición de izquierda o derecha es caduca. Sin embargo, desde ambas trincheras, siguen unos desconfiando de los otros, incorporando sus miedos y sus posiciones cerradas al devenir de la sociedad.
lunes, 8 de octubre de 2007
Compatriotas
Compatriotas
Compatriotas peruanos y de otros lugares de la tierra, o del cielo
Compatriotas Humanos, extraterrestres, extra humanos y extracelestes
Compatriotas de casa
Que me mostraron ladrillos, cemento y muros eternos y carcomidos
Compatriotas de mimbres,
De brillantes losetas
Y cuidadas plantitas
Compatriotas de los interiores de uno
De aquellos viejos caminos
Los primeros
Entre las patas de las mesas
Que nos amamantaron de recuerdos y de razones
Compatriotas de las calles
Que nos hicieron
Nos elevaron y nos tiraron
Para revolcarnos
Entre lodo y humo y secretas fragancias
Para volvernos a levantar
Sucios y triunfantes de tan derrotados
Muertos y resucitados
Como dioses de carne
Compatriotas de los árboles, los escupitajos y el cemento
Que dibujaron
Suavemente nuestro pasado y nuestras arrugas como rutas enloquecidas de autos en los que embarcábamos a la luna
De las calles donde escalamos
Y nos trompeamos
Y nos enamoramos
De aquellas muchachas
Con cortas faldas
Y sonrisas enredadas en sus cabelleras
Compatriotas
De las noches
Y las preguntas
Compatriotas poetas
Que me enseñaron
A sacar leche de las estrellas
Y a abrir puertas
A las dimensiones
De los arcos, las piedras, las borracheras y las cornisas
Compatriotas músicos
Equilibristas de sonidos
De atronadores silencios
Que caminan de puntitas
Para meterse
Allí
En el preciso quiebre de la luz
En el matiz
Más recóndito
De la bondad y la pregunta
Compatriotas todos
De toda todidad
Yo les prometo
Un canto sin fin y sin linderos
Un canto apropiado y despiadado
Donde reconocer el cielo y las veredas
Yo les prometo
Las hojas abiertas
Los capullos encerrados
Los intereses bancarios convertidos en libélulas
Las oficinas
En ráfagas encendidas
Y los diciembres
En hielo seco
Les prometo
Discursos vacíos
Y bolsillos llenos en la piel húmeda
Y plegarias a la tierra
Les prometo
Una y otra vez
Esta promesa
Que me hace
Y me deshace
Les prometo carreteras doradas hacia el paraíso de las palabras
Largas carreteras que caminarán solas y nos llevarán sin saber adónde vamos
Hasta enfrentarnos a los espejos, a los sueños que somos y que nos derrotan.
Yo les prometo la vivienda
Aquella de huesos, manos y corazones
Con parques y casas internas e infinitas
Para que habiten en sus huesos y sus plegarias
Les prometo todas las promesas del mundo
Para que se regocijen
Y se vean en ellas
Y se anuncien a una tierra verdadera
De canto sin fin
Les prometo promesas nunca cumplidas
Como todas las promesas
Voten por mí
Y se abrirá la luna para salir por todos lados
Y uno a uno desentrañaré los planetas
Para convertirlos en puntos y comas
Voten por mí
Y les daré empleo
Para convertir el tiempo en fragatas en las que podamos al fin partir hacia el sol
Aplaudan al orador
Adorador de momentáneos dioses
Aplaudan
A este yo
Que les trae
Este momento
Para ser
Por fin
Lo que somos
Hoy tendremos pisco y butifarras
Para saciar la sed
Y tantos apetitos
Para hartarnos de luz
Mientras podamos
En este maravilloso instante que es la vida
Para gozar como humanos o como hormigas, o como chanchos, o como dioses, o como criaturas de sabiduría de placer de cada instante
Voten por mí
Voten por ustedes
Al momento final
Dense un voto de confianza
Y gocen este momento
En el sabor
Eterno
Y deleznable
Como cascajo
En los caminos
Muchas gracias
Compatriotas peruanos y de otros lugares de la tierra, o del cielo
Compatriotas Humanos, extraterrestres, extra humanos y extracelestes
Compatriotas de casa
Que me mostraron ladrillos, cemento y muros eternos y carcomidos
Compatriotas de mimbres,
De brillantes losetas
Y cuidadas plantitas
Compatriotas de los interiores de uno
De aquellos viejos caminos
Los primeros
Entre las patas de las mesas
Que nos amamantaron de recuerdos y de razones
Compatriotas de las calles
Que nos hicieron
Nos elevaron y nos tiraron
Para revolcarnos
Entre lodo y humo y secretas fragancias
Para volvernos a levantar
Sucios y triunfantes de tan derrotados
Muertos y resucitados
Como dioses de carne
Compatriotas de los árboles, los escupitajos y el cemento
Que dibujaron
Suavemente nuestro pasado y nuestras arrugas como rutas enloquecidas de autos en los que embarcábamos a la luna
De las calles donde escalamos
Y nos trompeamos
Y nos enamoramos
De aquellas muchachas
Con cortas faldas
Y sonrisas enredadas en sus cabelleras
Compatriotas
De las noches
Y las preguntas
Compatriotas poetas
Que me enseñaron
A sacar leche de las estrellas
Y a abrir puertas
A las dimensiones
De los arcos, las piedras, las borracheras y las cornisas
Compatriotas músicos
Equilibristas de sonidos
De atronadores silencios
Que caminan de puntitas
Para meterse
Allí
En el preciso quiebre de la luz
En el matiz
Más recóndito
De la bondad y la pregunta
Compatriotas todos
De toda todidad
Yo les prometo
Un canto sin fin y sin linderos
Un canto apropiado y despiadado
Donde reconocer el cielo y las veredas
Yo les prometo
Las hojas abiertas
Los capullos encerrados
Los intereses bancarios convertidos en libélulas
Las oficinas
En ráfagas encendidas
Y los diciembres
En hielo seco
Les prometo
Discursos vacíos
Y bolsillos llenos en la piel húmeda
Y plegarias a la tierra
Les prometo
Una y otra vez
Esta promesa
Que me hace
Y me deshace
Les prometo carreteras doradas hacia el paraíso de las palabras
Largas carreteras que caminarán solas y nos llevarán sin saber adónde vamos
Hasta enfrentarnos a los espejos, a los sueños que somos y que nos derrotan.
Yo les prometo la vivienda
Aquella de huesos, manos y corazones
Con parques y casas internas e infinitas
Para que habiten en sus huesos y sus plegarias
Les prometo todas las promesas del mundo
Para que se regocijen
Y se vean en ellas
Y se anuncien a una tierra verdadera
De canto sin fin
Les prometo promesas nunca cumplidas
Como todas las promesas
Voten por mí
Y se abrirá la luna para salir por todos lados
Y uno a uno desentrañaré los planetas
Para convertirlos en puntos y comas
Voten por mí
Y les daré empleo
Para convertir el tiempo en fragatas en las que podamos al fin partir hacia el sol
Aplaudan al orador
Adorador de momentáneos dioses
Aplaudan
A este yo
Que les trae
Este momento
Para ser
Por fin
Lo que somos
Hoy tendremos pisco y butifarras
Para saciar la sed
Y tantos apetitos
Para hartarnos de luz
Mientras podamos
En este maravilloso instante que es la vida
Para gozar como humanos o como hormigas, o como chanchos, o como dioses, o como criaturas de sabiduría de placer de cada instante
Voten por mí
Voten por ustedes
Al momento final
Dense un voto de confianza
Y gocen este momento
En el sabor
Eterno
Y deleznable
Como cascajo
En los caminos
Muchas gracias
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